Bajo el nombre de una institución documental ficticia, "Museum of Media History", Robin Sloan y Matt Thompson elaboran un documental futurista que recoge los principales acontecimientos que llevarán al fin del periodismo. Seria algo así como la crónica de una muerte anunciada que parte de 1989, año en el que se establece la World Wide Web, hasta el 2015, año en el que finalmente se acaba el periodismo como tal.
Antecedentes.
Antecedentes.
El proyecto EPIC 2015, que parte de un documental anterior realizado por Robin Sloan y Matt Thompson bajo el nombre EPIC 2014 y al que añade contenidos, muestra una posible evolución de los medios. Sin embargo, este documental futurista se basa en la opinión catastrofista de que los medios digitales arrasarán con los convencionales de la prensa escrita, para dar lugar a un periodismo participativo y organizado artificialmente por logaritmos informáticos.
Actualmente, dentro del ámbito periodístico se ha instaurado el debate acerca del futuro de los medios. Este documental sería claro ejemplo de una las posturas, la más catastrofista. En ella se defiende que el medio digital acabará con la labor del periodista y por lo tanto con el periodismo, para dar lugar a contenidos realizados por el propio usuario y que serán enviados a otros usuarios de acuerdo a sus gustos e intereses. Frente a ella, se encuentra una postura más positiva y optimista, en la que se defiende Internet y la digitalización como una mera herramienta de trabajo que facilitará la labor del periodista haciendo su trabajo más completo, interactivo y rápido.
Prejuicios al orden del día.
La alineación por parte de los medios es un tema que siempre ha atraído al ser humano generándose diversas teorías comunicativas relacionadas con la pérdida de decisión y la homogenización. Son diversos los aspectos que no se tienen en cuenta en el documental y que hacen que los autores del mismo lleguen a una posible conclusión errónea.
La llegada de Internet ha abierto una nueva dimensión, se trataría de una dimensión virtual, sin limitaciones físicas y ciertamente abstracta. Por lo tanto, actualmente nos encontraríamos en torno a dos dimensiones, la física, por así decirlo la convencional, y la virtual. Ambas son complementarias, volcándose contenidos de una y otra continuamente. La existencia de ambas se basa, por lo tanto, en la reciprocidad. Ninguna de ellas debería eliminar la existencia de la otra.
La dimensión virtual no tiene capacidad por si misma para generar contenidos pues es simplemente una digitalización de los contenidos de la dimensión física, es meramente, un sistema de almacenaje, por lo que constituiría un archivo gigantesco accesible a cualquier usuario, sin tener en cuenta aspectos geográficos, temporales, sociales, etc. propios de la dimensión física. Sí no es capaz de generar contenidos propios, ¿cómo surgen en ella los contenidos? ¿Quién los vuelca? Es en esta perspectiva es donde entra la labor del usuario y el periodista. El usuario vierte continuamente contenidos en Internet, sin embargo estos no son del todo fiables y podrían inclusos basarse en la subjetividad. Es ahí donde la figura del periodista alcanza su máximo significado, él en realidad aporta la veracidad al hecho, le dota de credibilidad. Por así decirlo, ambos, tanto periodista como usuario, son nexo de unión entre ambas realidades, pero el periodística es el encargado, no solo de volcarla, sino de dotarla de una realidad, de un contexto. Por lo que la labor del periodista sería necesaria para mantener Internet al orden del día, aunque en menor medida de lo que lo es actualmente.
Otro de los puntos que señala, es la clasificación de los contenidos a gusto del usuario y posteriormente enviados a éste. Perfecto, hasta ahí facilitaría una labor de búsqueda intensiva. Sin embargo, a nuestros autores se les ha pasado una cosa por alto y es que predisponen los gustos como algo dado y de los que el propio usuario está seguro. Sin embargo, las prioridades se basan en continuas búsquedas frustradas que nos llevan a conocer nuevos temas relevantes e incluso elementos no conocidos que nos pueden llegar a interesar. Por lo tanto, incluso el logaritmo de clasificación más complejo no podría ofrecer al usuario una realidad desconocida para él pero que podría levantar el interés necesario para convertirlo en un tema a seguir. Incluso, esa temática podría estar basada en elementos provenientes de grandes empresas que paguen a fin de que sus contenidos sean difundidos por encima de otros, como ya ocurre con Google. Se convertiría así en un elemento publicitario y no capaz de adecuarse al dinamismo social. Como herramienta de apoyo podría ser beneficiosa, pero jamás podría sustituir la capacidad del ser humano de decidir que contenidos me interesan y cuales no.
Como conclusión, la labor del periodista seguirá viva, pero adaptándose siempre a las nuevas realidades capaces de difundir su trabajo a otras fronteras y conocer diferentes realidades que facilitarían la dimensión contextual a la que se dotan los textos periodísticos.
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