Y la culpa de todo ello la tiene un tal Tim Berners-Lee, algo así, cómo el cerebrito de la clase capaz de construir un ordenador con una soldadura, un par de circuitos, un procesador y una tele vieja. A principios de los 80, trabajó en el CERN, el mayor laboratorio de investigación en física de partículas a nivel mundial, y allí propuso la tecnología del hipertexto que permitía compartir y facilitar información, algo como un enorme archivo documental accesible desde cualquier punto del mundo sin necesidad de trasladarse físicamente. Así, ya en 1989 Internet y el hipertexto se unen y surge la Wold Wide Web, o lo más conocido y lo que todos hemos usado: el famoso WWW. Pero en esta época solo tenía aplicaciones militares, ya que se usaba como comunicación entre el aparato militar estadounidense a finales de la Guerra Fría. Para conseguir una mayor difusión se optó por dar la Web un dominio gratis y accesible a todos.
Pero este físico licenciado en 1976, introdujo la masa o la base a partir de la cual se empezó a crear lo que hoy en día conocemos por Internet, algo que todavía no está configurado como tal y a la velocidad a la que evoluciona me cuestiono si en realidad tendrá una forma definitiva como tal.

Actualmente trabaja en la Web Semántica. Casi todos, por no decir todos, no estamos del todo de acuerdo con la búsqueda realizada puesto que buscamos el termino en sí, no el significado, lo que delimitaría la búsqueda otorgándola más calidad y reduciría el ruido, es decir, aquellas páginas que no tiene relación alguna con el término que deseamos buscar.
La revolución de la Web se presenta ahora en forma de significado debido a que tal es el tamaño de esta que muchos de sus contenidos permanecen escondidos en los recodos más íntimos de los servidores y lo que antes se solucionaba por enlaces, si en verdad, la Web pudiera clasificar las búsquedas en relación a su significado aportaría una búsqueda mucho más personalizada y a gusto del internauta.


